Carreras de élite

La alcaldesa interrumpe su agenda del día, se coloca la banda tricolor y baja a la plaza del ayuntamiento. Hoy le toca dar la salida al Tour du Loiret, prueba ciclista del calendario élite francés. Cada departamento tiene su vuelta ciclista, con su club ciclista motivado, con la geografía de cada territorio. El nuestro, en el centro de Francia, va a buscar cuestecitas para encontrar un poco de emoción y añade una contrarreloj en un día de doble sector, cosas casi de otra época. Hay dos pueblos en el departamento con una cuesta, el resto como mucho es el desnivel de alguna terraza fluvial del Loira, que dan para poco sofoco. Nos ocurre como a los belgas, dando tumbos a cuatro montes, pero nuestras cuestas tienen asfalto. Pero cuidado con el viento, a la recién Paris Niza me remito.

La federación de ciclismo ha montado un stand en la plaza pero llego justo para ver la salida, con tiempo solo de coger un ejemplar del programa y del periódico regional. Hay casi tanta gente de la caravana más los ciclistas que gente mirando. Me cae la baba con las Bianchi, como siempre. Los niños de una escuela aparecen por la esquina, con el griterío característico. Me alegra que un maestro o maestra haya decidido salir a ver la salida. En el bar de la plaza los habituales ya están degustando la cerveza de aperitivo, una religión en la Francia festiva. Pero hoy es viernes. Verán pasar los ciclistas, comentarán hacia dónde van luego, seguirán degustando y picando cacahuetes. Mañana leerán quien ha vencido en el periódico. El speaker no es estridente, no hay reggaeton de fondo, tampoco es alguien del carisma de Daniel Mangeas, que comenta todas las carreras continental en Francia. El comisario se hace remarcar por su chaqueta. Él y la alcaldesa son los más elegantes de la plaza. Si escribiera este blog en valenciano hablaría de mudat, una de esas palabras únicas e intraducibles. Aseado, pero no es lo mismo. Apoyados en las vallas abundan los jubilados. Igual alguno de ellos son los que me cruzo cuando salgo a dar una vuelta entre los pinos y los robles de la Soloña francesa. Igual es el abuelo que lleva un maillot de Banesto, que la próxima vez tengo que saludar más efusivamente. La alcaldesa se hace la foto de rigor, levanta el banderin, el pelotón arranca. Dejo de hacer una foto con el móvil para aplaudir, que sino pobres chavales ni eso tendrán. Salen del pueblo, volverán a tocarlo y luego hacia el Este. Les esperan kilómetros entre bosques y cotos de caza.

Volviendo a casa encima de la bici me siento un poco impostor. Aquí glosando sobre ciclismo virtualmente, de lo bello que es ver la Toscana en verde, saltando del sofá con la danseuse de Landa, que si el Tour de California, que si la cuesta empedrada de Kigali, haciendo capturas de los tejados de los pueblos alpinos y la base de todo esto reposa en jubilados apasionados que cortan calles, instalan carpas y vallado, en gente que va a convencer a la carnicería del pueblo por un bloque publicitario en el programa de la carrera a cambio de un puñado de euros. Como una comisión de fiestas. A la bonne franquette que dicen en francés,

He mirado luego el resultado de la etapa, ha llegado un grupito selecto al sprint. Sandy Dujardin se llama el ganador. En Instagram su foto del sprint tiene 250 likes. El invierno lo pasa en el barro del ciclocross. A ver si en cinco años tengo que rescatar este post.

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